OMS 1993

 

En 1993 se inició el Primer Festival Otoño Musical (FOMS) bajo la dirección de Odón Alonso y la coordinación de José Manuel Aceña, auspiciado por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Soria. El Comité de Honor de este  Primer FOMS lo conformaban los Duques de Soria, la ministra de Cultura, el presidente de la JCyL,  el consejero de Cultura y Turismo de la JcyL, el presidente de la Diputación, el alcalde de Soria y la soprano Teresa Berganza.

Véase el Programa del Otoño Musical Soriano 1993

 

Los Duques de Soria junto a Virgilio Velasco, alcalde de Soria

UN FESTIVAL QUE NACE
VIRGILIO VELASCO (Alcalde de Soria)

 

Todos los festivales nacen en torno a una personalidad, que empeña su esfuerzo y su tiempo en que salga adelante el proyecto que creó en un momento de ilusión. Así, queda ya para siempre impregnado con la impronta de su personalidad.

El Otoño Musical Soriano es un festival que ha nacido con suerte, Odón Alonso, su creador y Director, es una de las grandes figuras de nuestra música y cuenta, además, con la experiencia de haber iniciado las Semanas de Música Religiosa de Cuenca y los seis años de dirección del Festival Casals de Puerto Rico.

El Maestro Alonso llegó un buen día a Soria y se enamoró de esta tierra, hoy, muchos años después, nos devuelve con creces la paz y la belleza que encontró aquí.

Su entusiasmo y su buen hacer han puesto en marcha los actos de los que ahora estamos disfrutando. Además ha conseguido contagiar de su energía, tanto a sus compañeros del mundo de la música como a las instituciones a las que ha pedido colaboración, todos ellos se han lanzado a esta nueva empresa, a todos ellos: muchas gracias.

El Ayuntamiento de Soria ha recogido el reto de este soriano de adopción, le ha dado forma, lo ha dotado de la infraestructura necesaria y lo ha proyectado hacia la sociedad con la esperanza de que el éxito de esta primera edición del Otoño Musical Soriano, sea el inicio de un ciclo que permita incluir el nombre de Soria entre las más importantes capitales culturales del mundo.

SOBRE UN FESTIVAL DE MUSICA EN SORIA
ODON ALONSO (Director musical)

Mis andanzas sorianas empezaron allá por el año 56, con una visita a Lolita y Julián Marías, son por tanto antiguas, cosa importante, pero no tanto como que muy pronto fueron largas, continuadas, entrañables, variamente felices y ahora casi constantes. Soy un soriano de vocación insobornable y hace algún tiempo que pienso que a cambio de innumerables momentos felices debería… tenía casi, la obligación de aportar algo de mi modesta historia musical a Soria; pero como ni los sorianos son amigos de distraer de los gozos de paz y belleza a quienes venimos aquí buscándolos, ni yo de salirme del feliz ensimismamiento que ésta hermosa y profunda tierra proporciona, nada o casi nada hemos hecho hasta ahora.

Todo esto me ha movido a dar impulso a una vieja idea de un proyecto de Festival de Música en Soria.

Soria es «tierra de hacer amigos» y tiene además un ámbito poético, un halo, que tira poderosamente de los que hemos tenido inevitables vivencias poéticas, inevitables desde la Música. Cuando llegué a Soria me sentí pronto impregnado de ese ambiente poético que, apenas disimulado por la sequedad del «acento», está dentro de todo lo soriano y fui conociendo o «tratando» más nombres, hombres, ambientes, que en alguna medida «pertenecen» a Soria: Machado, Bécquer, Gerar­do, Dionisio, Marías, D. Clemente, Carpintero, los Ruiz, los Pastor, los Ridrue­jo; y sentí un viento suave pero potente, casi soterrado pero imbatible de poesía, cultura y conocimiento, pero… faltaba la Música. Al lado de ese viento, de ese fuego, de música sólo había un rescoldo, animado a veces por una tenue brisa.

Un rescoldo es en las frías tierras sorianas una semilla de esperanza, un acoge­dor y cariñoso sentimiento de supervivencia. Hoy una fresca brisa lo anima, mi ilusión es ayudar a que esa brisa se haga tan fuerte como la que eleva las cometas en Valonsadero…

¡Lancemos los sorianos una alegre corneta: El Festival de Otoño!

Aquí está el proyecto

Las razones que justifican el organizar un festival en una Ciudad que como Soria tiene ya alguna vida musical a lo largo del año son numerosas y convincen­tes, siempre que partan de la idea de conseguir un acontecimiento que no signifi­que «algo más de lo mismo» que acontece «a lo largo del año». Partiendo de esta premisa creo que la idea básica debe ser: Agrupar en un período de tiempo, por breve abarcable, para la atención exterior sobre un acto soriano, un conjun­to de valores suficientemente interesantes para que puedan ser exportados de la provincia… Realizar una programación de acuerdo con las características espe­cíficas del ambiente y su idiosincrasia; en éste caso una programación que sobre­pase culturalmente el ámbito de la música y destaque su indudable asociación con la poesía y el lenguaje en general y reúna personalidades de ambos campos del arte cuyo contacto contribuya a enriquecer las tareas culturales de Soria.

Ningún tema, a mi juicio, conviene que se convierta en un pie forzado que pudiera llegar a ser limitación de tendencias, sino que todos deben ser orienta­ción y apoyo para encontrar las características que den una identidad propia que cada Festival debe tener. La indudable resonancia poética que es cualidad soria­na debe ser, yo creo, la identidad de su Festival.

Estoy convencido de que la realización de este proyecto o de otro cualquier en ésta dirección resultaría algo muy importante y desde luego rentable —hablando según Ortega líricamente— para Soria: como han sido las Semanas de Música Religiosa de Cuenca que van por la 34ª edición a partir de un proyecto ilusiona­do como éste en la realización del cual intervine durante 22 años, o el Festival de Casals de Puerto Rico que dirigí seis años. Ambos, como puede ser éste, han sido una ventana abierta, para ver y para que se nos vea. En cualquier momento alguna cosa importante puede estar empezando, pero..

«…Caminante no hay camino
se hace el camino al andar…»

 

 

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TERESA BERGANZA

EL CANTO COMO EXPRESION DE ESTILO

Tiene los ojos negros y la sonrisa blanca.
Su vocación es la música; su designio, el canto.

Ha marcado, con caracteres de arquetipo, para siempre, a Dorabella, Zerlina y Cherubino; a Rosina, Angelina e Isabella; a la Perichole; a Dulcinea; a Char­lotte; a Carmen…

Su voz, la voz subyugante de Teresa Berganza es algo así como la invocación a un misterio que se hace cómplice de los destellos de una mirada; una voz «en­duendada», que no es fin, en sí misma, sino admirable medio natural al servicio del sentimiento que infunde al canto la pureza lítica ideal de una melodía, o el arrebato de una pasión, existencialmente, dramática.

Voz de y para todas las vocales; voz para el recamado musical de la palabra, con la que llega a fundirse de modo prodigioso.

Teresa Berganza enriquece los sonidos, mediante un implacable fraseo, logrando que la palabra se proyecte, nítida, a través de una emisión, en la que el virtuosis­mo de los «legatos» traduce ritmos y cadencias, con sutileza de orfebre.

En Teresa Berganza, todo cuanto queda dicho otorga argumentación sobrada para deducir una síntesis, sobre la cual una rotunda personalidad impone estilo. Se canta como es; y Teresa es la interiorización, la delicadeza musical, la sensua­lidad y la fantasía poetizada. Ese es el estilo Berganza. Un estilo acuñado desde aquel día de Aix-en-Provence, en que la crítica francesa anunció el nacimiento de una mezzosoprano de época; estilo que se reafirma en Salzburgo, para alcan­zar su culminación consagrante en Edimburgo, cuando Teresa asume el tremen­do y trascendental compromiso de afrontar «Carmen» una mujer-personaje de cuerpo y alma, que antepone la libertad y el amor a la propia vida…

…Estilo Berganza para enhechizar a la Opera de París, Viena, Scala de Milán, Covent Garden, Opera de Roma, Colón de Buenos Aires, Metropolitan de Nue­va York, Opera de Dallas, Chicago, San Francisco, Opera de Edimburgo, Esto­colmo,… etc. bajo la dirección orquestal de Giulini, Rescigno, Von Karajan, Solti, Metha, Abbado, Bareboin, Mutti, López Cobos,… y con el rigor escénico de Zeffirelli, Ponelle, Strehler, Faggioni, entre otros.

A buen seguro que Mozart, Haendel, Rossini, Strauss, Pucell, Offenbach, Bi­zet y Massenet se entremecen de gozo, en el inmenso espacio de su gloria, cuan­do esta madrileña de «rompe y rasga» descifra, con su voz, el misterio que ellos nos legaron con sus arias.

A fin de cuentas, Teresa Berganza es algo más que una mezzosoprano. Teresa es una manera de ser y de sentir; un estilo palpitante, con poderoso carisma y desgaire de diosa.

ALFONSO SAIZ VALDIVIELSO